La inesperada irrupción del Emperador Uriel Septim VII, junto a su escolta de tres soldados, en nuestra apacible estancia en el interior de la prisión de la Ciudad Imperial, en la región de Cyrodiil, es el desencadenante de la trama. Consciente del complot existente para asesinarle, nos permite escapar a través de las alcantarillas a través de un pasadizo que se hallaba en nuestra celda. Durante la huida presenciamos la emboscada sufrida por el emperador y su séquito (Los Cuchillas) a manos de unos misteriosos asesinos, y su consiguiente muerte. A pesar de ser un prisionero, no sólo nos permitió huir sino también nos encomendó la ardua tarea de entregar el preciado Amuleto de los Reyes al jefe de Los Cuchillas y de encontrar a su legítimo heredero. El Emperador deberá ocupar su lugar en el trono y hacer frente a un inminente y terrible Mal que se cierne sobre Tamriel: la invasión de Oblivion.
NPCs majetes:
“No te conozco, y no me importa conocerte.”
Lavado de cara del clásico de 2006
Aviso a navegantes: para bien y para mal, estamos (casi) ante el mismo juego estrenado en el año 2006. A pesar de que las novedades más marcadas son las que entran por los ojos y que hay pequeñas mejoras en casi todo, Oblivion sigue siendo Oblivion. El motor de juego y sus físicas son los mismos, las caras de los NPCs ahora no parecen salidas directamente del Infierno y de hecho ahora sus labios se mueven al mismo tiempo que sus palabras (toda una novedad en los juegos de Bethesda), el simple hecho de mover o toquetear un trozo de pan ajeno en una posada te sigue suponiendo un viaje directo a la cárcel de la Ciudad Imperial… es esencialmente el mismo Oblivion, con todas sus virtudes y defectos y en absoluto es un remake. Además de su campaña principal, Bethesda no se ha olvidado de los DLCs como la Navaja de Mehrunes o la Torre del Mago incluidos de base, ni mucho menos de sus expansiones Caballeros de los Nueve e Islas Temblorosas, lo que básicamente permite experimentar todo el juego original de principio a fin sin ningún “pero” en cuanto a contenido.
Para los recién llegados, o para aquellos que todavía no han tocado el juego, quizá choque un poco la escasa “libertad rolera” que brinda Oblivion durante los diálogos pese a su estatus de juego de rol mitificado. Es innegable que otros juegos como Baldur’s Gate III o Kingdom Come Deliverance 2 le han adelantado por el carril izquierdo (también es cierto que tiempo han tenido para hacerlo), sin embargo, la fuerza de los juegos de Bethesda nunca ha sido precisamente la narrativa directa. La mayor virtud de Oblivion (o Skyrim) y que aún lo convierte en imbatible en su planteamiento es en su sentido de la aventura. Nunca dejará de apasionarme la facilidad con la que Cydoriil te tiende la mano y te invita a averiguar qué hay en aquella caverna, vislumbrar un barco encallado en la orilla a lo lejos y desear escrudiñar cuán vieja del visillo ¿A cuál de todos los gremios debería unirme? Se rumorea que hay problemas en el Castillo de Chorrol y quizá esté bien echarle un vistazo… etc. Siempre hay algo que te mantiene ocupado y que recompensa el esfuerzo del jugador mediante pedazos de historia que refuerzan el valor de nuestras incursiones. Somos nosotros ante las miles de historias que se cuentan en cada rincón de Cydoriil.
Aciertos y problemas
Su otra gran virtud ya es mucho más conocida, hablo de la posibilidad de tener un avatar diseñado desde cero por nosotros . Desde su raza, su aspecto y su clase para que esté a la altura de los peligros que tendremos que afrontar entre medias, y es que para nada es igual jugar con un mago que meter espadazos a diestro y siniestro como un guerrero. Para ello vamos servidos de los puntos en destrezas y habilidades que nos hacen buenos en una cualidad u otra en función de nuestra preferencia. Al final todo esto se traduce en la idea de que nuestro personaje es único y que precisamente eso es lo que nos abre muchas puertas (al tiempo que cierra otras) ya sea abordando la partida como un arquero a la altura del mismísimo Legolas, como un letal y sigiloso asesino que se vale de las dagas y hechizos de sigilo para no poner a prueba su resistencia física… etc. Al final esto también es rol, el jugador nunca deja de decidir cuándo, cómo y por qué hace lo que hace desde el mismo momento que pone un pie fuera de las alcantarillas. Esto y no otra cosa ofrecen todos los The Elder Scrolls y habrá a quién le guste más o menos en comparación a títulos más recientes, pero es una propuesta igual de válida.
Ya os digo, esa inmersión en la aventura sigue ahí intacta y, aunque el tiempo ha pasado y se nota (en cuanto a las opciones en los diálogos o la cantidad de NPCs que hay en las calles), los retoques de la remasterización no hacen más que endulzar la percepción de un juego que, una vez a los mandos, se siente completamente como hijo de su época. De nuevo, esto que digo es para los que el nombre “Oblivion” le suene a novedad, y es que los que sabemos que el juego es más rígido que el pan reseco, sabremos qué encontrarnos cuando veamos el impresionante trazado de rayos en una de las decenas de cavernas que tendrán un diseño casi idéntico y que pueden acusar un poco la sensación de repetición. Es sólo un ejemplo, claro está, aunque podría decirse lo mismo del combate, del comportamiento de la fauna de Cydoriil (más bien parece un proyecto universitario de primero de Robótica) o la sensación de falta de populacho en las calles… pero bueno, es que es Oblivion y así ha sido siempre. Por bizarro que suene, el juego se siente exactamente igual incluso con el cambio de motor gráfico, excepto que ya no se percibe el filtro “legaña en el ojo” (como yo lo llamaba) y que en general se vea mejor. Oblivion sigue teniendo tanta personalidad y encanto propio que, pese a ser un juego de fantasía medieval, da la impresión de que no hay juego que se le parezca.
Aunque el apartado visual haya quedado a la altura de un juego de nueva generación (hasta la interfaz ha recibido retoques que se agradecen y que no desentonan con el estilo del juego) recalco que todo esto no es más que pura estética porque -como ya he dicho- a nivel de interacciones, partículas o incluso de la propia jugabilidad (cualquier cosa que involucre el motor del juego, vaya), The Elder Scrolls IV: Oblivion ya anda muy lejos de ser un baluarte contemporáneo y, desgraciadamente, tanta innovación visual ha conllevado un gran coste. El rendimiento del juego es muy pobre e incluso en ocasiones (el asalto al Castillo de Kvach) roza lo inaceptable. Mi experiencia con una 4070ti ha sido de activar la trinidad Raytracing, DLSS y Frame Generation a la vez en 1440p -con detalles al máximo- con una tasa de 150 fps o más en interiores hasta que sales de las alcantarillas y te ubicas fijamente entre 70-80 fps en exteriores llegando incluso a los 40 en el asedio a Kvach. Incluso sin la tecnología lumen activada (trazado de rayos), los fps no subían más de diez fotogramas adicionales, por lo que lo dejé activado por lo bien que deja el aspecto de los escenarios.
Todos sabemos que Bethesda es muy “de aquella manera” con el lanzamiento de sus juegos y el pulido que le da. Es más, considero una bendición la ristra de bugs con la que Oblivion y Skyrim vinieron al mundo (y así siguen…). Sin embargo en este caso, siendo un trabajo de puesta a punto, en el que dos compañías (incluso la propia creadora original) han metido zarpa para traerlo de vuelta a través del tiempo, no puedo evitar notar desgana. Desgana por haber conservado el deleznable auto-level que la propia Bethesda ha admitido que fue un error (aunque el propio sistema de niveles se ha modificado y ya no supone tanto problema), desgana porque aún haya bugs capaces de fastidiar una misión o incluso la partida, desgana porque el ajuste de dificultad del juego es un desastre -creedme, en “Adepto” todo es demasiado fácil y en “Experto” de un golpe estás fuera de juego– y más ejemplos que puedo dar. Lo siento pero no. No me hace gracia ni me produce simpatía, como se dice por Internet, el hecho de que al conservar los bugs que ya tuvo ésta es la “verdadera experiencia Oblivion”. ¡Hablamos de un lanzamiento de la propia compañía que dispone del código de un juego que cuenta con problemas a patadas que no se han trabajado de forma oficial desde 2006! Personalmente me parece todo un ejercicio de falta de ética, sobre todo sabiendo que lo venden a precio de juego nuevo.
Sabiendo todo esto, ¿qué ofrece The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered? Mucho; desde una campaña principal que presenta unas veinte o treinta horas de duración, un generoso abanico de misiones y lugares que explorar por pura curiosidad por toda Cydoriil, hasta dos expansiones con su propia historia que nos darán aproximadamente otras treinta horas de contenido adicional. The Knights of the Nine nos llevará a buscar las reliquias de Los Nueve por todo el mapa con el propósito de luchar contra el malvado Hechicero-rey Umaril, el Impetuoso. Shivering Isles nos llevará a los Reinos de la Locura del Príncipe Daédrico Sheogorath en un viaje que es mucho menos convencional que el juego base y del que NADA os quiero contar porque me ha parecido incluso más interesante que el grueso de misiones que ofrece Oblivion, que tiene muy buenas, ojo, muy superiores a Skyrim por citar un ejemplo próximo.
En adición a todo lo que ya ofrece, si adquirimos la versión Deluxe (o su mejora por 10 euros adicionales si ya poseemos la versión estándar) además de la “mítica” armadura de caballo que, directa o indirectamente, nos ha traído a todos los jugadores alguna vez de cabeza -si sabes a lo que me refiero- y unos cuantos cosméticos de testimonial relevancia, se incluyen dos misiones completamente nuevas aunque son muy cortas y nada destacables. En cualquier caso, nos darán dos NPCs que podremos invocar a nuestro antojo mediante magia para que nos den armas y armaduras de Akatosh y de Mehrunes Dagon. Claro, eso de que podamos recibir un arma a cada nivel que subamos que siempre será objetivamente la mejor para nuestro nivel actual quizás, y solamente quizás… vamos que no os perdéis nada destacable si prescindís de la versión Deluxe.
En definitiva, estamos ante una traducción mejorable de un glorioso juego de rol que a muchos cautivó por lo rompedor de su propuesta. Podrá defenderse que la ambición desmedida de Oblivion acabó jugando en su contra, pero incluso con esas acercó el rol a las consolas de sobremesa, nos dio una idea muy sólida de lo que era este tipo de juegos y nos hizo caer como moscas ante el encanto de su particular propuesta. La música, las tonterías tan inesperadamente frikis propias de su universo, la sensación de abandonar la alcantarilla por primera vez… son recuerdos que se han grabado en la retina y el corazón de cualquier persona que pasara ante los mandos, sobre todo si (como yo) no habías tocado un juego de rol en tu vida. ¡Vamos!, que en su época jugar Oblivion era como sumergirse en un mundo mítico proyectado directamente desde un disco de PlayStation 3 / Xbox 360.
NPCs no tan majetes:
“¡Basta ya de hablar!”
Conclusión
Si me preguntáis, creo que es cierto que esta remasterización respeta el espíritu del TES IV: Oblivion original, pero no creo que le haga justicia. No me gusta centrarme en lo que “me gustaría que fuese un videojuego” más de lo que es, y creo que es precisamente lo que no es esta remasterización lo que más me molesta. Aunque el resultado sea correcto, creo que Oblivion merecía más, y no estoy hablando de que cambien el combate completamente a uno tipo soulslike o de que metiera una secuela a colador dentro de esta versión, sino de cariño y tiempo. Con la falta de pulido técnico se ha dejado fuera a una enorme cantidad de jugadores en lugar de lo contrario, los bugs se han quedado en casa una vez más a la espera de que los modders hagan su magia, da la sensación de que ni los de Virtuos han probado esta remasterización en dificultad “Experto” (y si lo han hecho no me explico cómo le han dado el visto bueno)… Vamos, una constante de cal y otra de arena. Quizá (y ojalá) con el tiempo acaben arreglando todos estos problemas y me cierren la boca, pero a fecha de publicación de este artículo y tras dos semanas sin un sólo parche me costaría recomendar a cualquiera comprar esta versión, aunque efectivamente sea la “versión definitiva”para disfrutar este legendario juego.
Tenéis disponible The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered en PC, Playstation 5 y XBOX Series X/S a un precio de 54,99 € en su versión digital estándar, mientras que la edición digital deluxe se vende por 64,99€. Sobre el lanzamiento de la edición en físico, Bethesda España ha confirmado que no hay planes de lanzar el título al mercado en formato físico así que, hasta nuevo aviso, lo que veis es lo que habrá.
Analizado en PC. Copia digital proporcionada por Ziran.

