Espíritu caribeño
Phantom Brave: The Lost Hero da comienzo tras los sucesos de la entrega original, con Marona, la joven alegre a quien encarnaremos en esta aventura, y Ash, su inseparable compañero, asentados y aceptados entre los lugareños. En plena exploración de los mares, ayudando como bien está acostumbrada a hacer nuestra protagonista, un nuevo mal acechará la tranquilidad de los mares, llevando a la separación de nuestros héroes, y un nuevo encuentro con Apricot, otra de las fuerzas principales de este título, y, al igual que Ash, un espíritu con el que Marona podrá comunicarse.
Aún con lo que parece una fuerte similitud entre edades de las dos figuras protagonistas de esta entrega, Marona y Apricot, sus personalidades son suficientemente complementarias como para disfrutar de esta aventura tan animada, aun con un tema tan lúgubre como puede parecer la muerte. Marona se siente como una protagonista que ha crecido tras su última aventura y que ahora cumple un rol similar al de un guía o mentor para Apricot, quien construye su camino como capitana pirata. Por supuesto, para gustos, los colores, y no todo el mundo sentirá la misma ternura por estas dos niñas que prácticamente se enfrentan al mundo, o al menos, a parte de éste.
La ambientación también juega un papel importante en esta secuela, que no sólo cuenta con su ambiente caribeño y marinero, por sus escenarios y apartado visual, pues también a través de su banda sonora y sus sonidos. Tranquilos, no seréis los únicos quienes querrán ir a la playa tras jugar unas horas, yo también tenía ganas de estirarme en la arena y empezar a saludar al calorcito veraniego entre pelea y pelea.
Verdadera estrategia
Si hay un apartado al que no puedo echarle prácticamente pestes a Phantom Brave: The Lost Hero, es al de su combate, algo que a Nippon Ichi Software se le da bastante bien. Cualidad demostrable gracias a su nicho de jugadores que repiten entrega tras entrega, sobre todo con sus Disgaea. Cambiando la cuadrícula por un movimiento semi-libre por el escenario, ligado a las estadísticas de cada personaje, Marona podrá dar forma física a los espíritus que la acompañen, siempre y cuando disponga de un “recipiente,” como podría ser cualquier objeto.
¿Un coco? ¿Una planta? ¿Una roca? ¡Incluso cosas más disparatadas! Cada objeto destacará en ciertos parámetros, como velocidad o inteligencia, lo que hará que nos pensemos a quien encarnar en qué, para aprovechar al máximo estas mejoras. Por supuesto, esto sería demasiado fácil si no tuviese repercusiones, así que además de la limitación de objetos, este poder tendrá un límite de usos, así como un límite de turnos para cada unidad “sobre el tablero.”
Esto nos lleva a idear varias estrategias, tanto basadas en nuestro posicionamiento, como en función de las unidades que llevemos. Con el creador de personajes, algo habitual entre los títulos de esta desarrolladora, podremos personalizar nuestro ejército como queramos, dando realmente el cielo como límite de nuestras ideas. La variedad, tanto de aliados, como de opciones de personalización, nos llevarán a ideas descabelladas, reafirmando mi anterior afirmación de una mayor similitud con un juguete, que con un juego, por parte de Phantom Brave: The Lost Hero.
Horas y horas
La dificultad del desafío también va ligada a nuestras ganas de pasar horas y horas ideando planes entre sus mapas, usando el habitual truco de los RPG de aumentar los niveles y las estadísticas enemigas a cuanto mayor sea la tortura que busquemos. Sin embargo, sus mapas y enfrentamientos resultarán en escaramuzas breves e intensas, dedicando menos de 20 minutos incluso, ideal para quienes buscan partidas cortas, permitiendo dividir esta aventura en sesiones de menos de una hora de juego, donde sentiremos que avanzamos tanto a nivel jugable, como narrativo. Incluso quienes no creen tener una vena estratega encontrarán esta entrega, la mar de accesible.
Si bien podríamos considerar Phantom Brave: The Lost Hero como parte de los JRPG de duración más mediana (entre 30 y 40 horas para una partida donde no nos obsesionemos con minmaxear unidades o probar extrañas combinaciones mientras repetimos una y otra vez las mismas batallas), ésta se ampliará fácilmente para quienes queden encantados por su sistema de combate. Ya sea buscando completar su contenido post-game, o abordando una campaña con un ejército diferente, o en mayor dificultad, no es de extrañar que tras unas semanas o meses contemos con más de 50 horas acumuladas. Como en muchos otros títulos, la primera vuelta es principalmente para aprender los controles y hacerse a sus sistemas, a partir de la segunda este gana puntos para cualquier público, tanto nuevos fans como los más acérrimos.
Conclusiones
Phantom Brave: The Lost Hero es una aventura simpática y alegre entre algo tan lúgubre como es la muerte, algo que podríamos encontrar en cualquier cuento infantil que esconde las partes “feas” de su historia para llenar de sueños e ilusión a los más pequeños. Querremos que las cosas salgan bien para Marona y Apricot en sus propias búsquedas, así como a nosotros en los enfrentamientos donde tendremos que demostrar nuestra valía. Su sistema de combate, donde realmente brilla el título, ofrece una gran cantidad de libertad, pero también nos sabe guiar a través de ella, para que no queramos que ninguna pelea sea igual a la anterior.
Formar estrategias alrededor de los objetos presentes por el mapa, y las mejoras de estadísticas que dan, así como la atención a, no solo la vida, si no el tiempo restante sobre el tablero de guerra de nuestras unidades da lugar a enfrentamientos donde triunfa la velocidad de nuestras ideas y su ejecución. Una puerta de entrada que, a nivel personal, siento que me ha acercado un paso más a caer por el pozo de horas que pueden ser los títulos de estrategia, sobre todo, de Nippon Ichi Software.
Jugado en PlayStation 5. Copia digital proporcionada por Game.Press

